Los dedos se escapan a aporrear las teclas del pequeño portátil. Sentado enfrente de la mini pantalla del ordenador, me pregunto si alguien se leerá estas líneas, solo curiosearan las fotos o realmente se adentrarán en las anécdotas y relatos. En algún momento la mente hace detener los dedos y los convence para que paren de escribir sus pensamientos. Que descansen en mi recuerdo. Pero al final, arrancan otra vez. 
Entre el curro del montaje y de la información, quedaban 15’ para la salida, que ni me había vestido de ciclista.
Rapido a la furgo, ultimo consejo con Carni-crack sobre las capas a ponerme, llenar el camel y un sprint de 200 metros para calentar.
Joder como sale la gente, parece que van de Copa del Mundo. La bici vuela sobre una pista plana en buen estado. En nada montonera, que se salda con una pierna rota y un brazo, digna del mas puro estilo carretero. Paso el accidente y empieza una zona de piedras, no dejo de dar pedales, saltando, rebotando y aguantando un buen ritmo.
Así que al llegar a un árbol que había caído, paro y comienzo la reparación, desmonto el neumático, el obús se resiste a salir, meto una cámara, la primera bombona de aire se escapa hasta la maltrecha capa de ozono, la segunda al interior del neumático y acabo de rematarlo con la bomba. Recoge todo, vista atrás que no me deje nada, monta la rueda, la pinza de freno (en las cannondale hay que sacarla para sacar la rueda) y vuelta a pedalear, una buena minutada perdida, aunque me lo tome con calma.

A los pocos kilómetros paré de nuevo a hinchar un poco más y a poner la cadena bien que se había salido…
Desde ese momento y aprovechando lo ligero de la bici y el buen terreno, a rodar lo mas rápido posible. Objetivo alcanzar al mayor numero de participantes.
En el km 47 alcance a Rebeca, con algunas rampas en sus piernas. Un caramelo, un saludo rápido y para arriba. Hasta el ultimo avituallamiento donde estaba Artur y mi colega Marc, fotógrafo de la zona, compañero de la pedals de Occitania y un buen snowboarder (algunas de las fotos del repor son suyas, gracias tio…) fui superando a gente y rodando mucho tiempo solo. Una gozada, pues esa sensación de esfuerzo, de buqueda de la siguiente cinta y de soledad, me encanta.

Rellené el camel y salí al sprint. Los últimos 17 kilómetros se me hicieron eternos, sobre todo una zona en subida muy pedregosa. El garmin Dakota, nunca marcaba recto a la línea de llegada y eso me machacaba la cabeza.
La anécdota del día, en una subida hipertecnica, de esas en la que dejar de pedalear supone el subir empujando la bici a pie, me cruce con 3 crios que bajaban sin frenos en dirección contraria. A los dos primeros conseguí esquivarlos, al último, cuando vi que iba a impactar contra la rueda delantera de la Cannondale, me dio tiempo de alargar la mano y que conociera un guante Sombrio de cerca. Era un marroquí…mejor no reproducir las dos palabras que le vociferé ;)
Antes de llegar a la meta en la playa, había que atravesar un gran tubo de hormigón en el que por su altura era imposible pedalear, con la luz de la salida al fondo, lo único que pensaba era en no encontrarme con ningún simpático animal de frente.

Al final 4 horas 40’ del mejor mountain bike y una gran prueba de la Cannondale. Lastima de la talla…
Al acabar, plato rápido de macarrones, charla, mas información, desmontaje y para casa. Que todavía tocaba acabar el domingo, con visitas, sesión de mecánica de bici, pizza y cine….ufff y esto ya sin geles energéticos :)
FREERIDE IS A WAY OF LIFE
P.D: Aqui la altimetria de la prueba...

